lunes, 11 de mayo de 2015

DANIELA OLARTE NARANJO


EL AÑO DEL ASEGURAMIENTO SILENCIOSO

Una avalancha de mensajes comerciales llegan cada día al cerebro humano a través de los más diversos medios entre ellos las tecnologías y herramientas digitales. 
¿Qué hace el cerebro con tantos miles de mensajes? ¡Los Destruye!, SI, los destruye.  Las propias leyes de funcionamiento mental los van destruyendo silenciosa pero masivamente y solo muy pocos sobreviven, lo cual hace el cerebro para protegerse, para ponerse a salvo del bombardeo, para liberar su energía y volcarla hacía las tareas indispensables para la vida.
De aquí la estrategia del aseguramiento silencioso que, como emisor, se remite  a lo conciso, veraz y oportuno, lo cual le proporciona blindaje, protección y refuerzo contra la destrucción por sobresaturación.  
Como receptor son evidentes las ventajas de conocer las necesidades, expectativas y opiniones de los usuarios activos o potenciales en lugar de pretender crearlas y modelarlas por sobresaturación, sobre todo considerando que la necesidad de las tecnologías y herramientas digitales se encuentra ya entronizada en la sociedad por lo cual no tiene   que ser creada sino satisfecha  y satisfacerla  no se trata de mucho bla bla sino de tener algo sólido que decir.
En cuanto al revolcón en las nuevas formas de relacionamiento social humano impuestas por dichas tecnologías cabría considerar aspectos tales como que los medios no crean la comunicación sino que la posibilitan, que  pese al  frenético tráfico digital el lenguaje propio de redes es recortado, conciso, lo cual haría pensar no en verborrea sino en una legítima necesidad de comunicación.  Así también habría que señalar que el contacto físico, tocarse, besarse, abrazarse son necesidades imperiosas e insuperables del ser humano tanto para su desarrollo psicomotor como para su estabilidad emocional,  requerido por el ser humano para desarrollarse con normalidad y sentirse bien al grado que la psicología afirma que los seres humanos no podemos sobrevivir y desarrollarnos sin ese contacto físico por lo que el mismo  no puede ser sustituido ni suplantado por las tecnologías y herramientas digitales.  
Dado que la “antigua” forma de relacionarnos se referiría a lo presencial y por lo tanto inherentemente al contacto físico, tal no puede verse amenazado y tampoco riñe con  las tecnologías y herramientas digitales, últimas referidas a otra esfera de la naturaleza humana a la que le es igualmente inherente, cual es su naturaleza social.

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